Muchas de las consultas que recibimos son recurrentes, y a menudo guardan relación directa con la anatomía y la fisiología del pecho durante la lactancia. A continuación, intentaremos dar respuesta a las dudas más frecuentes sobre el pecho y la lactancia materna. Esperamos que os sea útil.

El pecho adquiere forma gracias a los depósitos adiposos que modelan su tamaño y volumen exterior. Por dentro, el tejido glandular, que es el que se encargará de producir leche, también crece y se desarrolla al margen del tejido graso externo. Por tanto, el tamaño y la forma exterior del pecho no importan, ni permiten predecir si una madre tendrá más o menos leche. Todos los pechos, sean grandes o pequeños, sirven a la hora de alimentar a un bebé.

¡Por supuesto! Todos los pezones sirven, al margen de su tamaño. De hecho, los bebés no necesitan el pezón para mamar, es tan sólo una referencia visual y táctil para que sepan a dónde deben dirigir la boca. Es cierto que hay pezones, como los umbilicados (tipo de pezón que cuando es estimulado se retrae), que pueden complicar un poco el agarre inicial del bebé. Si tienes dudas respecto a tu pezón, lo mejor que puedes hacer es acudir a talleres de lactancia antes de tener a tu bebé para que puedan enseñarte todo lo necesario para iniciar la lactancia con buen pie.

Si tienes los pezones planos o poco prominentes tampoco es necesario que hagas nada durante el embarazo, A veces durante el embarazo se sugiere a las madres que preparen sus pezones con cremas o frotando los pezones con guantes de crin. Estas recomendaciones obsoletas sólo crean angustia y dolor en las madres. Los masajes para estirar los pezones planos tampoco sirven de nada.

Durante el embarazo, el pecho aumenta de peso, entre 400 y 600 g., y una vez iniciada la lactancia puede llegar a pesar 800 g gramos más que antes del embarazo. Durante las 6-7 primeras semanas de embarazo crecen los alvéolos, lo que produce una sensación de plenitud, así como la cantidad de tejido adiposo y la irrigación de la mama. Los pechos se ven llenos de venas que a veces llegan hasta el cuello. Todo esto es normal aunque resulte espectacular! Tu cuerpo se está preparando para la gran tarea de alimentar a tu bebé.

La succión del niño estimula los receptores de oxitocina y prolactina, situados principalmente en la areola y el pezón, y desencadena un impulso nervioso que viaja hasta el cerebro, donde el hipotálamo induce la producción de dos hormonas: la prolactina, que se encarga de la producción de la leche, y la oxitocina, que provoca la contracción de los alvéolos y desencadena la eyección o salida de la leche.

Sí. Se ha comprobado que incluso las madres desnutridas y que viven en situaciones de pobreza y precariedad extremas producen leche materna de calidad. Existen pequeñas variaciones individuales derivadas de la dieta, pero el cuerpo de las mujeres usa el mismo patrón para fabricar la leche, y ésta siempre es de calidad.

Aunque comas mal y tu dieta no sea del todo equilibrada puedes estar tranquila, ya que las células que se encargan de fabricar la leche se las arreglan para extraer de las reservas maternas todo lo necesario para que no le falte de nada al bebé.

Las madres con carencias nutricionales siguen fabricando leche de calidad para su bebés, por esa razón es muy importante que aún y no teniendo la dieta más equilibrada del mundo sigan amamantando a sus bebés que van a recibir así la leche más adecuada para garantizar su salud y su crecimiento.

No, las cesáreas no retrasan la bajada de la leche. La bajada de la leche se inicia en el momento en que la placenta se separa del útero, y esto ocurre tanto en un parto vaginal como en una cesárea.

Las rutinas hospitalarias que suelen ir unidas a la cesárea pueden retrasar el primer contacto entre la madre y el bebé, además de la incomodidad que puede sentir la madre para colocar al bebé al pecho a causa de los puntos de sutura, lo que puede interferir en algunas tomas o reducir su número.

Sí es cierto que las madres insulinodependientes o con obesidad (con un índice de masa corporal igual o superior a 30) pueden sufrir un retraso en el inicio de la producción de leche, que puede demorarse más de 72 h., pero acaba normalizándose en ambos casos.

Seguramente se trata de tejido mamario ectópico o fuera de lugar. Estos bultos no constituyen motivo de alarma y pueden presentarse en cualquier punto de la denominada “línea de la leche”, que recorre el cuerpo desde la axila hasta la ingle. El 1% de las mujeres tiene este tipo de “glándulas mamarias accesorias”, que pasan desapercibidas hasta que la madre se queda embarazada y pare, pues entonces crecen y pueden incluso llegar a secretar leche.

También hay mujeres que poseen pezones supranumerarios. Si hay una inflamación de este tejido es mejor no manipularlo, aplicar frío y presión y esperar a que desaparezca.

Cuando el bebé mama, estimula los nervios del pezón. Este impulso nervioso llega al cerebro, donde se produce la prolactina y la oxitocina, las hormonas encargadas de la producción y la eyección de la leche.

Entre las 42 y las 72 horas posparto se produce la primera bajada de leche, y muchas mujeres notan que los pechos se les ponen tensos y a veces inflamados.

Posteriormente van notando las bajadas de leche cuando el bebé mama o cuando piensan en él o lo oyen llorar. Este fenómeno se debe a la acción de la oxitocina y suele ir acompañado de una sensación de hormigueo en el pecho, que durante las primeras semanas puede incluso resultar doloroso, y que indica que la leche empieza a fluir hacia el pezón. Hay un 75% de mujeres que perciben más de una bajada de la leche en una misma toma, mientras que un 30% no nota jamás la bajada de leche. Ambas situaciones son perfectamente normales y no revisten mayor importancia, puesto que no afectan en absoluto el transcurso de la lactancia.

Es complicado encontrar una sola razón, pues pueden haber pasado muchas cosas.
Como se ha dicho ya, la hipogalactia verdadera es una condición muy rara. En la mayoría de los casos, lo que la madre percibe como una producción insuficiente es en realidad una cascada de problemas que tuvo su origen en una mala técnica, un frenillo lingual corto, la imposición de horarios para dar el pecho o las recomendaciones contradictorias o erróneas.

A menudo, detrás de estas vivencias negativas de la lactancia existen también unas expectativas que no encuentran correspondencia en la realidad. La inmensa mayoría de las madres primerizas no ha visto amamantar jamás, por lo que ignora cómo funciona la lactancia. A menudo, esperan bebés que coman puntualmente cada tres horas y duerman entre toma y toma, algo que pocas veces se da en la vida real. Y, de nuevo por desconocimiento, estas madres acaban pensando que el niño llora porque pasa hambre, es decir, porque no tienen suficiente leche.

Hay toda una generación de mujeres, hoy abuelas, que no dieron el pecho a sus hijos, lo que significa que se rompió la cadena de transmisión familiar de la cultura de la lactancia.

Los bebés utilizan dos tipos de succión: succión nutritiva y succión no nutritiva. Las dos son necesarias, y mientras realizan la succión no nutritiva los niños se alimentan y se relajan. Si están bien colocados, con la succión no nutritiva no van a tragar aire, sólo leche.
El pecho no se puede dar con horarios, pues eso impide que los bebés regulen la cantidad de leche que toman y la composición de la misma. En condiciones normales, lo consiguen haciendo tomas más cortas o más largas y espaciándolas más o menos. Así, habrá momentos en los que sólo necesiten un poco de leche para calmar la sed (o el miedo, o conciliar el sueño) y otros en los que hagan una toma larga y completa. Hay que confiar en la capacidad del niño para regular la cantidad de leche y el tiempo que necesita para comer.

La lactancia siempre debe respetar la demanda del bebé, pero hay momentos en los que la demanda de la madre también cuenta. Si ésta necesita dar el pecho (por tener una ingurgitación u obstrucción, para poder salir a trabajar, etcétera), puede ofrecer el pecho al bebé en cualquier momento.
Sólo se recomienda que los padres marquen la demanda del niño en casos excepcionales: bebés enfermos, prematuros, niños que no aumentan de peso, recién nacidos extremadamente soñolientos, etcétera.

En todas las culturas del mundo existen alimentos considerados galactogogos (es decir, que aumentan la producción de leche). La variedad es infinita.

Lo cierto es apenas existen estudios al respecto y no es posible afirmar que la ingesta de determinados alimentos aumente la cantidad de leche producida. En cambio, se ha demostrado que numerosas plantas consideradas galactogogos tienen precisamente el efecto contrario, es decir, disminuyen la producción de leche.
Lo único que aumenta la producción de leche de una mujer es la succión eficaz y el vaciado de la glándula mamaria, algo que el bebé consigue si mama a demanda y de manera correcta (o, en su defecto, si la madre utiliza un sacaleches).
La succión y el vaciado inducen al cuerpo a producir más leche, ya que aumentan los niveles de prolactina en sangre y eliminan del interior de la glándula el factor inhibidor de la lactancia (FIL).

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